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5 tips para una estimulación temprana efectiva

Todos queremos que nuestros hijos estén preparados para prosperar, pero, cuidado: «Es posible que algunos padres estén obsesionados con la estimulación. Y puede ser contraproducente enseñar al niño cosas que aún no le corresponden», advierte Rosina Uriarte, directora del centro bilingüe de Estimulación temprana Brisbane.

 

Y entonces, ¿qué hay que hacer?

 

La experta nos saca de dudas: «Estimular a un niño significa ofrecerle estímulos que lo hagan feliz y lo apoyen en su desarrollo natural y esto lo hacemos todo el tiempo que estamos con él, y no saturarlo de actividades». Durante el primer año de vida hay unas etapas motoras que determinarán el futuro de esa personita. Dichas etapas sientan las bases de nuestras habilidades posteriores. Esto es lo más importante a tener en cuenta en la estimulación de un cerebro tan joven.

 

1. Amor: el mejor estímulo para un niño es sentirse querido. No es posible el aprendizaje ni el correcto desarrollo cerebral sin equilibrio y bienestar emocional. Por eso es importante demostrarle amor incondicional. Con mucha ternura, muchos besos, muchas palabras cálidas y mucho contacto piel con piel. Que no te preocupe mimarlo en exceso. Es imposible malcriar a un niño por darle demasiado cariño.

 

2. Tiempo: el objetivo, más que tratar de enseñarle cosas al bebé, es relacionarse con él, y para eso hace falta tiempo, tiempo para establecer un vínculo afectivo, para saber qué lo calma, qué lo pone nervioso, qué lo hace reír… ¿cómo lograrlo? Para aprender, el bebé necesita toda nuestra atención y ésta solo podemos dársela de verdad cuando nos dedicamos únicamente a él.

 

3. Diversión: uno toma en brazos al bebé y piensa: «¿Qué hago?». La respuesta es sencilla: ¡Diviértete! esto es, jamás conviertas el juego en una obligación. Los niños disfrutan con todo lo que hagamos con ellos, especialmente si nosotros disfrutamos también. Para lograrlo juega sin reglas. Olvídate de listas de objetivos. «A ver… ayer ya trabajamos la estimulación visual, así que hoy toca a la capacidad auditiva». El juego debe ser espontáneo. Es algo natural en los bebés y es fundamental que tú también lo sientas así.

 

4. Seguridad: para animarlo a aprender, también hay que proporcionarle un entorno seguro y adecuado a su edad. Está deseando tomarlo todo, desmenuzarlo, chuparlo, investigarlo…, pero es pequeño para saber lo que está bien y lo que está mal, o para entender por qué no debe tocar un enchufe. Sin exagerar. La autonomía conlleva, a veces, situaciones que a los padres pueden parecernos peligrosas. Pero si les trasmitimos nuestros miedos, podemos alterar la confianza en sí mismos y en el mundo en el que se desenvuelven. Su seguridad debe ser una prioridad, sin caer en el error de evitar que se muevan por miedo a caerse.

 

5. Respeto: es cierto que los primeros año de vida determinan el resto y que es el momento de máximo desarrollo cerebral  y hay que aprovecharlo, pero eso no significa sobreestimular a los niños, cosa que ocurre cuando les pedimos que hagan algo cuando aún no han madurado lo suficiente. También cuando los forzamos a realizar algo que no quieren, que les aburre o les irrita.